sábado, 14 de enero de 2012

Historia del Judeo-Cristianismo - El Sexo en la Biblia


Introducción de Marco Schawrtz:

"¿Cómo se enamoraban los personajes de la Biblia? ¿Dónde se producía el flechazo? El acto sexual, ¿cómo se practicaba? ¿Cuáles eran las técnicas de seducción? ¿Por qué era tan preciada la virginidad femenina? ¿Qué relaciones eran consideradas incestuosas? ¿Cómo se ejercía la prostitución? ¿Qué suerte corrían los adúlteros? ¿Tenía cabida la homosexualidad? En las siguientes páginas se da respuesta a estos y a muchos otros interrogantes relativos a la sexualidad en la Biblia, la obra literaria que más ha influido en la modelación de las conductas y valores de la civilización occidental. El trabajo se centra en el Antiguo Testamento, aunque con frecuencia se hagan referencias al Nuevo Testamento. El primero recoge la historia y las leyendas del pueblo de Israel, y contiene además abundantes referencias a las costumbres de las naciones e imperios vecinos egipcios, babilonios, asirios, persas, filisteos, moabitas, sidonios—, así como a los pequeños pueblos que moraban en Canaán en el momento de la conquista por los israelitas.
El Antiguo Testamento no es un libro unitario, sino un conjunto de libros escrito por diferentes autores que representaban distintos intereses y tradiciones, a menudo antagónicos entre sí. Por ejemplo, el libro de Reyes censura las uniones del rey Salomón con mujeres extranjeras, mientras que el libro de Crónicas omite cualquier reproche a esos devaneos del monarca. Además, la redacción del Antiguo Testamento abarca un período de por lo menos nueve siglos de X a I a.C.—, tiempo dilatado en el que, lógicamente, evolucionaron las costumbres y variaron las normas que regulaban la sociedad. Por ejemplo, el matrimonio entre hermanos estaba permitido en la era patriarcal —Abraham y su esposa Sara eran hermanos por parte de padre—, pero se prohibió en la posterior ley levítica. En ciertas ocasiones, para una mejor comprensión de los relatos, se llamará la atención sobre esta circunstancia.
Otro dato que hay que tener en cuenta es que en el Antiguo Testamento conviven diversos géneros literarios: relatos propiamente dichos, proverbios, poemas, códigos legales, discursos proféticos... Todas estas modalidades narrativas contienen, de un modo u otro, referencias a la vida amorosa y sexual. Algunas narraciones describen a personajes de existencia comprobada; otros, en cambio, cuentan los avatares de figuras presumiblemente míticas, que, más que a individuos, representarían a colectivos humanos. Por ejemplo, el matrimonio de Esaú, también llamado Edom, con la hija de Ismael en la época patriarcal podría recordar una alianza política entre los pueblos edomita e ismaelita. Para efectos de este libro nos dará lo mismo que los personajes sean de carne y hueso o simbólicos. Estos últimos aparecen tan humanizados en los relatos que sus historias proporcionan abundante y muy rica información sobre el tema que trata el presente libro: el sexo.
Para esta obra nos hemos basado en el canon católico de la Biblia, con el que está familiarizado el público hispanohablante. Dicho canon incorpora al Antiguo Testamento seis libros Tobías, Judit, Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Barucy fragmentos de otros dos Ester y Danielque son ignorados en el canon hebreo y considerados apócrifos por el protestantismo.
Para los pasajes bíblicos entrecomillados hemos utilizado como referencia la Biblia de la Biblioteca de Autores Cristianos, cuya versión directa de las lenguas originales fue realizada por Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga. Tres razones nos han inclinado a esta versión: su excelente calidad, su autoridad entre los traductores bíblicos y su popularidad entre el público español".

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jueves, 12 de enero de 2012

Librepensamiento - Cándido, o El Optimismo

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Este libro de Voltaire es triplemente irónico y sarcástico, por un lado muestra la falta de compromiso y la excesiva ingenuidad del discurso de la filosofía de Leibniz y por su intermedio el maridaje de las filosofías con el poder, de manera tal que el discurso de ésta encubra las acciones del otro.
Por otro lado, revela la inculta predisposición del individuo medio, a dejarse arrastrar hasta el infortunio por aquellos que son capaces de seducir sus oídos con máximas e ideales de una teoría y una cosmovisión de la vida que no comprende, incluso si estos van, literalmente en contra de la experiencia o los datos de la realidad, y por último, en este libro Voltaire, no cesa en referirse a la colonización europea, las guerras, y las matanzas, los artificios sociales, los engaños de los que se nutre la doble moral.
En Cándido, hay dos personajes centrales, el joven Cándido y el Dr. Pangloss (juego de palabras que significa pura-lengua). En esta célebre alegoría filosófica, el joven Cándido es el discípulo del doctor Pangloss quien a su vez fue discípulo de Leibniz, el mejor y campeón de los filósofos del optimismo. Cándido sufre en carne propia el infortunio de sostener la creencia que el nuestro "es el mejor de todos los mundos posibles" tal y como enseña su maestro trasmitiendo las enseñanzas de Leibniz.
La sumisión de Cándido a las palabras de Pangloss lo lleva a ser el triste protagonista de numerosas desventuras hasta que al fin culmina por retirarse junto a otras compañías, a orillas de la Propóntide, lugar en el que descubre que el tan misterioso secreto de la felicidad reside en "cultivar un huerto propio".
Cándido, es sin duda el relato más famoso de Voltaire, es una narrativa que se basa en el aprendizaje y la metamorfosis del crecimiento interior, contrastando con la fina ironía que lo caracteriza, el registro existencialista con la empiria.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Mito De La Madre Teresa De Calcuta


ÁNGEL DEL INFIERNO: LA MADRE TERESA DE CALCUTA

(http://www.herenciacristiana.com/teresa.html)

El solo nombre de la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Skopje (Yugoslavia) de origen albanés como Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997), es desde hace mucho tiempo sinónimo de la “compasión por los más pobres entre los pobres”. En 1950, la Madre Teresa creó la congregación de las Misioneras de la Caridad. En 1975 recibió la Medalla Ceres de la FAO (Organización de la Agricultura y la Salud de la ONU), y en 1979 el Premio Nobel de la Paz. Después de su muerte, entró en la “vía rápida” hacia la beatificación gracias a las gestiones del Papa Juan Pablo II. Sin embargo, no es bondad todo lo que reluce.

En 1995, el periodista británico Christopher Hitchens produjo un documental sobre a Madre Teresa que él quiso titular Sacred Cow (“Vaca Sagrada”), pero salió al aire como Hell’s Angel (se trata de un juego de palabras: Hell’s Angels o “Ángeles del Infierno” es el nombre de una legendaria pandilla de motorizados; Hell’s Angel significa “El Ángel del Infierno”). Ese mismo año, Hitchens publicó el libro The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice (Verso, 1995). Sus investigaciones mostraron una realidad muy distinta a la imagen idílica de la Madre Teresa y su orden.

Una entrevista a Hitchens apareció en Free Inquiry (16:4, Otoño de 1996). Debido a su longitud, a continuación se sintetizan los aspectos más relevantes. Más abajo aparece la traducción de un artículo de Susan Shields, ex-monja de las Misioneras de la Caridad, quien habla de sus ideales y su desengaño.

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Puntos más importantes de la entrevista a Christopher Hitchens, autor de The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice, tomado de Free Inquiry (16:4), Otoño de 1996 (publicación del Council for Secular Humanism, New York).

Hitchens afirma que los recursos amasados por las Misioneras de la Caridad son gigantescos, pero nunca han sido auditados. Sus cuentas bancarias están todas fuera de la India, pues las leyes de ese país exigen información sobre los fondos de las organizaciones misioneras extranjeras. Tan sólo en una de estas cuentas habría más de 50 millones de dólares. Sin embargo, estos fondos no tienen efecto alguno en la atención a los “pobres entre los pobres”.

El propósito fundamental de este dinero, proveniente de donaciones, es incrementar el tamaño y poder dogmático de la orden en el mundo: tiene conventos en 120 países. La Madre Teresa aceptó más de un millón de dólares donados por el estafador de la entidad Lincoln Savings and Loans, conociendo perfectamente su origen fraudulento. Las condiciones en los “hogares” de la orden son extremadamente primitivas. No se permite aliviar el dolor, ya que “el sufrimiento de los pobres es bueno a los ojos de Dios”. Aunque los “pacientes” van en busca de alivio, la Madre Teresa nunca proclamó que el objetivo fuese curar.

Sin embargo, ella y sus sucesoras siempre han estado conscientes de que casi todas las donaciones que reciben están motivadas por esa falsa impresión. El propósito de los hospicios de las Misioneras de la Caridad es ayudar a “bien morir”: se busca activamente la autorización de los agonizantes para bautizarlos. A pesar de que “Dios ve con buenos ojos el sufrimiento”, la Madre Teresa siempre se atendió en los mejores hospitales de tipo occidental y recibió los tratamientos (y anestesias) más modernos.

La Madre Teresa apoyó a la familia del dictador Duvalier de Haití, cuando visitó ese país; afirmó que los Duvalier “amaban a los pobres”. También alabó al tirano comunista de Albania, Enver Hoxha. En palabras de Hitchens, “prefería lamer los pies de los ricos en lugar de lavar los pies de los pobres”.

La Madre Teresa trabajó incansablemente para propagar las versiones más extremas del conservadorismo católico.

Intervino en el referendo sobre el divorcio en Irlanda para que este no fuese permitido... Pero aprobó el divorcio de la princesa Diana de Gales, con quien se encontró varias veces (declaró a la revista Ladie’s Home Journal que así “iba a ser más feliz”). Según Hitchens, “si una mujer quiere divorciarse de un alcohólico que abusa sexualmente de sus propios hijos, no hay perdón en esta vida ni en la otra”. Pero una princesa está por encima de todo esto.

Los puntos de vista de la Madre Teresa, típicos del siglo IX (nueve), la convirtieron en una figura incómoda para el Vaticano; pero fue rápidamente “adoptada” como poster girl (palabras de Hitchens) cuando se hizo popular durante los años 70’s. A pesar de esto, ella se opuso durante toda su vida a la reconsideración de la doctrina católica emanada del Concilio Vaticano II (1962-1965).

En Calcuta deploran la imagen de su ciudad proyectada por la orden de la Madre Teresa. Si bien existe mucha pobreza, como en todo el mundo subdesarrollado, se trata de una metrópoli dinámica y cosmopolita, con una activa vida económica y cultural.

Cuando el documental Hell’s Angel se trasmitió en el Reino Unido muchas personas llamaron para protestar, empleando casi siempre los mismos argumentos e incluso las mismas palabras, lo que hizo evidente que se trataba de una campaña bien orquestada. Sin embargo, un número récord de personas llamó para alabar el programa.

Ninguno de los que atacaron el documental, incluyendo críticos de prensa, se refirió a lo fidedigno de su contenido. En otras palabras, lo que se reprochaba a Hitchens no era la realidad de lo señalado en el programa, sino el hecho mismo de atreverse a demoler un mito muy estimado. Incluso personas no afectas a la religión adoptaron esta postura. Hell’s Angel jamás ha sido proyectado en los Estados Unidos. Ningún canal se atreve a hacerlo.

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La Casa de Ilusiones de la Madre Teresa, por Susan Shields. Traducido de Free Inquiry (18:1), Invierno 1997-1998 (publicación del Council for Secular Humanism, New York).

Algunos años después de que me convertí en católica, me uní a la congregación de la Madre Teresa, las Misioneras de la Caridad. Fui una de sus hermanas durante nueve años y medio, viviendo en el Bronx (Nueva York), Roma y San Francisco, hasta que me desilusioné y me retiré en mayo de 1989. Mientras me reintegraba al mundo, comencé a desenredar lentamente la maraña de mentiras en la que había vivido. Me preguntaba cómo las podía haber creído durante tanto tiempo.

Tres de las enseñanzas de la Madre Teresa que son fundamentales para su congregación religiosa son igual de peligrosas, por ser creídas tan sinceramente por sus hermanas.

La más básica es la creencia de que mientras una hermana obedece, está cumpliendo la voluntad de Dios.

Otra es que las hermanas tienen alguna ventaja frente a Dios por haber escogido sufrir. Su sufrimiento hace a Dios muy feliz; entonces, Él dispensa más gracias a la Humanidad.

La tercera es el credo de que cualquier atadura a los seres humanos, incluso a los pobres que están siendo servidos, supuestamente interfiere con el amor a Dios y debe ser activamente evitada o inmediatamente extirpada. Los esfuerzos para prevenir todo vínculo producen un continuo caos y confusión, movimiento y cambio en la congregación.

La Madre Teresa no inventó esas creencias –estas prevalecían en las órdenes religiosas antes del Concilio Vaticano II–, pero ella hizo todo lo que cabía en su poder (el cual era inmenso) para aplicarlas.

Una vez que una hermana acepta estas falacias, será capaz de hacer casi cualquier cosa.

Permitirá que su salud se destruya, descuidará a aquellos a quienes ha jurado servir, y sofocará sus sentimientos y pensamientos independientes. Podrá hacerse de la vista gorda al sufrimiento, dar información sobre sus compañeras, decir mentiras con facilidad, e ignorar las leyes y regulaciones públicas.

Mujeres de muchos países se unieron a la Madre Teresa con la expectativa de que podrían ayudar a los pobres y acercarse más a Dios. Cuando me fui había más de 3.000 hermanas en aproximadamente 400 hogares regados por todo el mundo. Muchas de esas hermanas, que confiaban en la guía de la Madre Teresa, se han convertido en personas destruidas. Ante la abrumadora evidencia, algunas han admitido finalmente que su confianza ha sido traicionada, que Dios no podría dar las órdenes que reciben. La decisión de irse es difícil para ellas –su autoconfianza ha sido abatida, y no tienen educación más allá de la que trajeron cuando se unieron al grupo–. Yo fui una de las afortunadas que reunieron suficiente coraje para marcharse.

Es con la esperanza de que otras vean la falsedad de su presunto camino a la santidad que cuento algo de lo que sé. Aunque hay relativamente pocas personas tentadas a ingresar en la hermandad de la Madre Teresa, hay muchos que han apoyado generosamente su trabajo porque no están al tanto de cómo sus torcidas premisas ahogan los esfuerzos por aliviar la miseria. Inadvertidos de que muchas de las donaciones permanecen sin uso en cuentas bancarias, ellos también son defraudados al pensar que están ayudando a los pobres. Como Misionera de la Caridad se me asignó registrar las donaciones y escribir las respectivas cartas de agradecimiento. El dinero llegaba a una velocidad frenética. Usualmente, el correo traía las cartas en sacos. Con regularidad extendíamos recibos por cheques de 50.000 dólares y más. Algunas veces un donante llamaba para preguntar si habíamos recibido su cheque, esperando que lo recordáramos fácilmente a causa de su elevado monto. ¿Cómo decirle que no podíamos recordarlo, porque habíamos recibido tantos que eran aún más grandes? Cuando la Madre Teresa hablaba públicamente nunca pedía dinero, pero ella alentaba a la gente a hacer sacrificios por los pobres, “dar hasta que doliera”.

Muchos lo hicieron –y se lo dieron a ella–. Recibimos cartas conmovedoras de personas, aparentemente pobres ellas mismas, que estaban haciendo sacrificios por enviarnos un poco de dinero para la gente que pasaba hambruna en África, las víctimas de las inundaciones en Bangladesh, o los niños pobres de la India. Casi todo ese dinero se quedó en nuestras cuentas bancarias. El aluvión de donaciones se consideraba una señal de la aprobación de Dios hacia la congregación de la Madre Teresa. Nuestros superiores nos decían que recibíamos más dádivas que otros grupos religiosos porque Dios estaba complacido con la Madre, y porque las Misioneras de la Caridad eran las hermanas más fieles al verdadero espíritu de la vida religiosa. La mayoría de las hermanas no tenía idea de cuánto dinero estaba amasando la congregación. Después de todo, se nos decía que no debíamos guardar nada. Un verano, las hermanas que vivían en las afueras de Roma recibieron más cajas de tomates de lo que podían distribuir. Ninguno de sus vecinos los querían, porque la cosecha había sido muy abundante ese año. Las hermanas decidieron enlatar los tomates en lugar de dejarlos pudrir, pero cuando la Madre se enteró de lo que habían hecho se disgustó mucho. Almacenar cosas mostraba falta de confianza en la Divina Providencia. Las donaciones llegaban y eran depositadas en el banco, pero no tenían efecto alguno en nuestras ascéticas vidas y muy poco efecto en las vidas de los pobres a quienes tratábamos de ayudar. Vivíamos existencias simples, desprovistas de todo lo superfluo. Teníamos tres juegos de vestidos, que remendábamos hasta que el material estaba demasiado dañado para colocarle más parches. Lavábamos la ropa a mano. También las interminables pilas de sábanas y paños de nuestro refugio nocturno para la gente sin hogar. Nuestro aseo se hacía con un solo cubo de agua. Los chequeos médicos y dentales eran considerados un lujo innecesario. A la Madre le preocupaba mucho que preserváramos nuestro espíritu de pobreza. Gastar dinero habría destruido esa pobreza. Ella parecía obsesionada con el hecho de usar sólo los medios más simples para nuestro trabajo. ¿Iba esto en el mejor interés de la gente a la que estábamos tratando de ayudar, o estábamos de hecho utilizándolos a ellos como una herramienta para elevar nuestra propia “santidad”?

En Haití, con el fin de mantener el espíritu de pobreza, las hermanas reutilizaban las agujas hipodérmicas hasta que se volvían romas. Viendo el dolor que causaban estas agujas gastadas algunos de los voluntarios ofrecieron conseguir otras nuevas, pero las hermanas se negaron. Mendigábamos comida y suministros a los comerciantes locales como si no tuviésemos recursos. En una de las raras ocasiones en que se nos acabó el pan donado, fuimos a mendigar a la panadería local. Cuando la solicitud fue negada, nuestra superiora resolvió que el dispensario podría funcionar sin pan por ese día. No era sólo a los comerciantes a quienes se ofrecía la oportunidad de ser generosos. A las aerolíneas se les solicitaba que trasladaran hermanas y carga sin costo. Se esperaba que hospitales y doctores absorbieran el importe de los tratamientos médicos de las hermanas, o que los cubrieran con fondos dispuestos para instituciones religiosas. Se inducía a los trabajadores a laborar sin pago o con tarifas reducidas. Dependíamos fuertemente de voluntarios que se afanaban largas horas en nuestros comedores, refugios y campamentos. Un granjero que trabajaba muy duro dedicó muchas de sus horas de vigilia a colectar y distribuir alimentos para nuestros comedores y refugios. “Si yo no vengo, ¿qué comerán ustedes?”, preguntaba. Nuestra ordenanza nos prohibía pedir más de lo que necesitábamos, pero cuando se trataba de pedir, los millones de dólares que se acumulaban en el banco eran tratados como si no existieran. Durante años tuve que escribir miles de cartas a donantes, diciéndoles que toda su dádiva sería empleada para llevar el compasivo amor de Dios a los más pobres entre los pobres. Fui capaz de mantener a raya las quejas de mi conciencia porque se nos enseñó que el Espíritu Santo estaba guiando a la Madre. Dudar de ella era un signo de falta de confianza y, aún peor, nos hacía culpables del pecado de orgullo. Guardé mis objeciones y esperaba que algún día entendería por qué la Madre quería amontonar tanto dinero, cuando ella misma nos había enseñado que incluso guardar salsa de tomate mostraba falta de fe en la Divina Providencia.

(Traducción: Sami Rozenbaum)

Con El Demonio Por Dentro...

Según la Agencias Reuters y ANSA (7 de setiembre de 2001), la Madre Teresa fue sometida a exorcismo por el sacerdote Rosario Stroscio mientras estaba hospitalizada, pocos meses antes de su muerte. Según el arzobispo de Calcuta, Henry D’Souza, las dificultades de la Madre para conciliar el sueño fueron consideradas una señal de que estaba “bajo el asedio de Satanás”. Stroscio comentó que la Madre Teresa “se comportaba extrañamente” justo antes de las oraciones de exorcismo.

Ah, bueno. Ahora se entiende...

Transcripción: Julio César Millán

 


LA MADRE TERESA: DEMOLIENDO UN MITO.


(http://elblogdemiguelfernandez.wordpress.com/2011/09/12/la-madre-teresa-demoliendo-un-mito/)


Hay personajes que desde siempre se nos han vendido como la encarnación del bien, la solidaridad, el pacifismo, etc. La sociedad ha asimilado acríticamente, sin pasarlo por un filtro, estas supuestas imágenes idealizadas de determinados personajes. Tal es así, que la gente sin haberse documentado jamás sobre estos personajes tiene una opinión inamovible para bien, tan solo por lo que ha oído, por lo que le han dicho. Cualquier comentario en contra será recibido, primero con sorpresa, como si quién lo formulará estuviese loco, e inmediatamente después, con clara hostilidad e incluso violencia. La razón por la cual, la gente reacciona así, es por qué ya tienen consolidadas sus estructuras mentales del mundo y sus personajes y cualquier factor que pueda hacerles replantearse esto, que pueda hacer temblar los pilares o el basamento sobre el que se asienta su ideología o cosmovisión resulta intolerable y psicológicamente inaceptable. El perfil que voy a trazar ahora, claramente negativo, sobre una “vaca sagrada” del siglo XX, sin duda, será recibido, tanto con sorpresa como con hostilidad por mucha gente, y supongo que seré objeto de comentarios nada gratificantes y de epítetos malsonantes. Pero hay que romper tabúes, ser claros y si hace falta como en esta ocasión, ser políticamente incorrectos. El personaje en cuestión es Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997), mundialmente conocida como Madre Teresa de Calcuta. Y vamos a ello.

En 1995, uno de los periodistas más lúcidos, ácidos y libres que existen en el mundo, Cristopher Hitchens, produjo un documental sobre la Madre Teresa. Ese mismo año también publicó un libro sobre ella titulado The Missionary Position: Mother Theresa in Theory and Practice (Verso, 1995). Sus investigaciones mostraron una realidad muy distinta a la imagen idílica de la Madre Teresa y su orden.

Sin embargo, ella y sus sucesoras siempre han sido muy conscientes de que la mayor parte de las donaciones que recibían estaban motivadas por la falsa impresión de que curaban a los enfermos. El propósito de los hospicios no era curar, era ayudar a “Bien Morir”: se buscaba constantemente la autorización de los agonizantes para convertirlos y bautizarlos. A pesar de que “Dios ve con buenos ojos el sufrimiento”, la Madre Teresa siempre se atendió en los mejores hospitales del mundo occidental (especialmente en clínicas privadas de California) y recibió los tratamientos y anestesias más modernos.

La Madre Teresa apoyó al dictador haitíano Duvalier y a su familia, cuando visitó al país caribeño y afirmó que “Los Duvalier amaban a los pobres. Claro, por eso saquearon las arcas públicas, todo el dinero esquilmado al pueblo lo metieron en cuentas bancarias en los Estados Unidos, las Islas Caimán, Suiza y la Riviera francesa, consiguieron que el 60% de la población fuera analfabeta y el 70%, desempleada, y privatizaron el 80% de la educación, y por medio de sus escuadrones de la muerte, los Tonton-Macoutes, asesinaron a como mínimo 40.000 personas. Cuando, los Duvalier, fueron derrocados, en 1986, buena parte del dinero, se lo fundieron en el Casino de Montecarlo.

La Madre Teresa también alabó al dictador comunista estalo-maoísta Enver Hoxha, un anormal, que convirtió a Albania, no ya en el país más pobre de Europa, sino en uno de los más pobres y aislados del mundo, y donde todos los días, decenas de albaneses, intentaban huir como polizones a bordo de cargueros que iban hacia Italia. Es decir, la Madre Teresa estuvo mucho más a los pies de los ricos, que lavando los pies de los pobres.

La Madre Teresa trabajó infatigablemente por propagar al máximo el ideario del integrismo católico. Sus puntos de vista, típicos del siglo IX, resultaban incómodos y retrógrados, incluso para el Vaticano, pero este la adoptó, cuando empezó a hacerse popular en los años 60.

Intervino en el referéndum sobre el divorcio en Irlanda para que este no fuese permitido... Pero aprobó el divorcio de su amiga, Diana de Gales, porque así iba a ser más feliz. Es decir, indulgencias para los ricos y continencia para los pobres.

Cuando muere alguien, el Vaticano ha de esperar mínimo 5 años, para comenzar su proceso de beatificación. Aquí, esto no se tuvo en cuenta, y Juan Pablo II, comenzó el proceso, un año después de la muerte de la Madre Teresa. También, durante siglos, hubo una figura, conocida como Abogado del Diablo, para poner a prueba cualquier afirmación extraordinaria, para contrastar todas las pruebas e impedir en lo posible que alguien que no haya reunido méritos suficientes pueda ser hecho santo. Como era un obstáculo para sus propósitos ideológicos (porque esta beatificación es claramente ideológica), Juan Pablo II, suprimió esa figura. Le inventaron a la Madre Teresa, un milagro, deprisa y corriendo, uno muy cutre, porque no había tiempo ni presupuesto para más, y ya está. Hala, ya es santa.

Muchos columnistas la han alabado: Juan Manuel de Prada, Isabel San Sebastián, Alfonso Ussía, Ricardo de la Cierva... Lo mejor de cada casa, vamos.

En fin, espero haber contribuido con este artículo a demoler el mito de la Madre Teresa. Un mito de la derecha.



LA MADRE TERESA: EL MITO Y LA VERDAD

La Chocante Realidad Sobre “El Ángel De Los Pobres”

(http://blogotitlan.com/noticias/2006/12/11/la_madre_teresa_la_imagen_y_la.html)

Los donativos siguen llegando a las Misioneras de la Caridad. Vienen de todo el mundo, y proceden de gente de buena fe que, movidas por un acto de altruismo, momentáneo o no, envían sus cheques o giros para ayudar en lo que ellos están convencidos de que es una buena causa: Ayudar a los pobres en Calcuta.

La Madre Teresa, nombrada por los medios de comunicación como 'El Ángel de los Pobres', murió en 1997 y fue beatificada en el año 2003.

La ganadora del premio Nobel de la Paz hizo votos de pobreza, pero debido a su fama mundial como benefactora de los desposeídos —hicieron inclusive una emotiva e inspiracional película de lo que se supone que fue su vida—, ríos de dinero llegaban en vida de ella, como continúan fluyendo después de su partida.

¿Qué se hizo de todo ese dinero?

Una Historia de Éxito

Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta, y nacida en Skopje, Macedonia, es ampliamente considerada como una santa mujer. Llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929, cuando tenía 18 años y era una monja de la Orden de Loreto. 68 años después, dignatarios y celebridades de todo el mundo se reunieron en Calcuta para rendir un último y sentido homenaje en lo que fue un funeral digno de un estadista.

Durante todos esos años, Agnes fundó la orden más exitosa en toda la historia de la Iglesia Católica; fue galardonada pública y mundialmente con el Premio Nobel de la Paz y llegó a ser la monja católica más famosa de todos los tiempos.

Las Dudas Más que Razonables

Pero ¿alguien se atrevería a tener dudas, cuando se refiera a una mujer menuda que es un monumento para la humanidad moderna?

Si uno viaja a Calcuta, las dudas surgen de inmediato.

Tomemos de ejemplo a Samity, un hombre de 30 y tantos años, sin dientes, quien vive en los barrios miserables. Él es uno de los 'pobres entre los pobres' a quienes se suponía que la Madre Teresa había dedicado su vida. Parado con una bolsa de plástico en las manos, hace cola de un kilómetro de largo junto con miles de otros pobres, en la Calle del Parque en Calcuta. Los pobres esperan pacientemente hasta que los ayudantes les arrojan arroz y lentejas a palazos dentro de sus bolsas. Pero contra lo que se pudiera esperar, Samity no obtiene su escasa pitanza de la institución fundada por la Madre Teresa —de hecho, nunca la ha obtenido— sino de la Asamblea de Dios, una fundación norteamericana de caridad, la que sirve 18,000 comidas cada día.

"¿La Madre Teresa?", responde Samity. "Aquí no hemos recibido nada de ella. Y pregunta en los barrios pobres, a ver si alguien ha recibido algo de esas hermanas acá. Dudo que encuentres a alguien".

Pannalal Manik se hace preguntas. "No comprendo por qué ustedes, gente occidental educada, ha hecho una diosa de esta mujer". Manik nació hace más de 60 años en el barrio pobre de Rambagan, que con sus 300 años de existencia es el más antiguo de Calcuta.

Lo que Manik ha logrado, muy bien puede ser calificado como un auténtico milagro.

Él ha construido 16 edificios de departamentos en medio de la miseria, proporcionando un espacio para vivir a 4,000 personas. El dinero para los materiales de construcción, equivalentes a 16,000 dólares por cada edificio de departamentos, fue solicitado insistentemente por Manik a la Misión Ramakrishna, una organización hindú de caridad, la más grande de asistencia social en India. Los habitantes de esa villa de miseria construyeron con sus propias manos los edificios. Esto ha pasado a convertirse en un modelo para toda la India.

Pero ¿y qué colaboración obtuvo este filántropo de la Madre Teresa?

"Fui a verla tres veces", dijo Manik. "Ni siquiera quiso escuchar lo que tenía que decirle. Todos en el mundo saben que las hermanas tienen muchísimo dinero, ¡pero nadie sabe lo que hacen con él!"

No es extraño que en Calcuta existan cerca de 200 organizaciones de caridad ayudando a los pobres. Lo que extraña es que las Misioneras de la Caridad de la afamada Madre Teresa, no se hallen dentro de las mayores colaboradoras en servicios de caridad, lo que contradice la imagen pública mundial de la organización.

El Mito

El nombre "Madre Teresa" estuvo y sigue estando ligado a la ciudad de Calcuta. Los admiradores y contribuyentes en todo el mundo de la ganadora del Premio Nobel, están convencidos de que su organización debe ser la más activa en esa ciudad, en la lucha contra la pobreza. Pero no es así.

"Son absolutas mentiras", dice Aroup Chatterjee. Es un médico que vive ahora en Londres y nació y creció en Calcuta. Chatterjee, después de trabajar por años en todo lo relativo al mito de la Madre Teresa, publicó un libro que ha sido reconocido como autorizado y con información verídica: Madre Teresa: Veredicto Final.

Chaterjee condujo su investigación in situ; entrevistó personalmente a numerosos testigos y peinó de arriba a abajo los discursos y declaraciones de la celebrada católica. "Donde quiera que buscara, sólo encontraba mentiras. Por ejemplo, la mentira acerca de las escuelas. La Madre T frecuentemente decía que ella dirigía una escuela en Calcuta para más de 5,000 niños. ¿Cinco mil niños? Debió haber sido una escuela gigantesca, quizás la más grande en toda India. Pero ¿dónde está esa escuela? Yo nunca la pude encontrar, ni conozco a nadie que la haya visto jamás" -reveló Chatterjee.

-La Madre Teresa siempre decía que recogía gente de las calles de Calcuta, pero ni ella ni su orden de monjas hacían eso. Cuando la gente les solicitaba ayuda, les decían cortantes que marcaran el teléfono 102 (similar al 911 de emergencia en Estados Unidos), que nada tiene que ver con orden religiosa alguna porque es del gobierno.

-Aunque la orden posee varias ambulancias que les fueron donadas, éstas son utilizadas sólo para transportar a las monjas a los lugares de oración y no recogen a ningún enfermo ni herido.

-La Madre Teresa decía que su orden alimentaba 4,000; 5,000; 7,000 ó 9,000 habitantes pobres de Calcuta todos los días (el número variaba). Las tres cocinas de la orden en Calcuta sirve un máximo de 300 raciones de sopa al día. Y no sólo eso: Las cocinas sólo entregaban sopa a quienes poseían "tarjetas de comida", que eran distribuidas preferentemente a los pobres que eran católicos, que son minoría en la India.

-Aunque la orden que fundó la Madre Teresa tiene algo de presencia en muchos países del mundo, en la mayoría de locales se preparan monjes o monjas, no son para ayudar a los pobres.

-Los refugios de la Madre Teresa usualmente sólo ayudan a los niños si sus padres firman una forma de renuncia a su patria potestad y la ceden a favor de la organización.

-La Madre Teresa afirmaba continuamente que sus clínicas para la familia natural prevenían embarazos no deseados, pero los números que reportan no son reales.

-La Madre Teresa enseñaba insistentemente que el sufrimiento era bello si se evocaba el sufrimiento de Cristo; sin embargo, cuando enfermaba, sólo se internaba en exclusivos y lujosos hospitales para tratarse.

-El hospicio en Calcuta por el que la Madre Teresa obtuvo amplio reconocimiento, y el cual salía en reportajes y documentales, era muy pequeño; sólo tenía 80 camas y proporcionaba un servicio médico mínimo, muy elemental. Mientras ella vivió, las agujas eran recicladas, todos los pacientes eran obligados a llevar la cabeza rasurada, se prohibía recibir visitas y los analgésicos casi no eran usados. Las enfermeras no hablaban el idioma de la gente y no se involucraban en el cuidado de los pacientes. Esta labor siempre fue realizada por voluntarios.

-La Madre Teresa a menudo aceptaba dinero de fuentes sumamente sospechosas y oscuras, la más notable de las cuales era la de Charles Keating, quien causara el fraude masivo en el sistema de cajas de ahorro y préstamos de los Estados Unidos, y es considerado un notorio ladrón por la prensa crítica de su país.


No somos monjas ni doctoras, somos religiosas

Chatterjee cita a la Madre Teresa, quien decía: "No somos monjas, no somos doctoras, no somos maestras, no somos trabajadoras sociales. Somos religiosas, somos religiosas, somos religiosas".

Y sin embargo, la Madre Teresa es tomada como humanitaria y como una mujer santa que dedicó su vida a los pobres. Nada más alejado de la verdad.

¿Cómo es vista en Calcuta la organización de las monjas de los tres galones azules en el uniforme? Como mundialmente famosas y como las que tienen mayor cantidad de dinero.

Pero, ¿cuánto dinero exactamente? Esto ha sido guardado como un secreto de estado por el Ministerio de Finanzas de la India, encargado de supervisar a las organizaciones de caridad, probablemente para no enemistarse con el poderoso Vaticano.

La revista alemana Stern intentó hace unos años conseguir la información, pero el Ministerio rechazó la solicitud arguyendo que era 'información clasificada'.

No conforme con eso, Stern intentó averiguar el estado financiero de la organización en Alemania, donde tiene 6 ramales. 'No es asunto que le concierna a nadie el saber cuánto dinero tenemos', dijo el jefe de las operaciones de la orden en Alemania.

Pero la verdad siempre acaba por saberse. Maria Tingelhoff, una voluntaria alemana que tuvo el manejo contable de la organización en 1981, recuerda: "Solíamos obtener al menos 3 millones de marcos anuales". Pero la Madre Teresa nunca confió por completo en los auxiliares seglares. "Por supuesto que ignoro cuánto dinero realmente ingresó en los años posteriores, pero deben haber sido fácilmente varias veces esa cantidad de 3 millones. La Madre siempre se mostró muy complacida por los donativos de los alemanes".

Ríos de Dólares

La rama más lucrativa de la organización es la del Espíritu Santo en el Bronx de Nueva York.

Susan Shields sirvió en la orden durante nueve años y medio como la hermana Virgen. "Nos pasábamos la mayor parte del tiempo esciribiendo cartas de agradecimiento y procesando cheques", reveló Shields. "Cada noche, cerca de 25 hermanas debían invertir muchas horas en preparar los recibos para los donativos. Era como una correa de producción en una fábrica; mientras unas hermanas tecleaban, otras hacían la lista de las cantidades, metían las cartas en los sobres o clasificaban los cheques. Las cantidades oscilaban entre 5 y 100 dólares. Los donantes a menudo dejaban en la puerta los sobres llenos con dinero. Antes de la Navidad, el flujo de donativos era incontrolable. El cartero traía sacos llenos de cartas y los cheques de 50,000 dólares no eran nada extraños".

La hermana Virgen recuerda que en un año había algo así como 50 millones de dólares en una sola cuenta de banco en Nueva York. ¿50 millones de dólares en un país protestante? ¿Cuánto estarían entonces recolectando en Europa o en el resto del mundo, en países con gran población católica? Se calcula conservadoramente que recogían al menos 100 millones de dólares cada año, y eso ha estado sucediendo durante muchos años.

Los Gastos Secretos

Así como los ingresos de la orden son secretos, los gastos son igualmente misteriosos. La orden difícilmente tiene en qué gastar tanto dinero. Sus establecimientos son tan pequeños y llaman tan poco la atención, que aun los vecinos tienen problemas para dar con ellos. La mayor parte de las veces, un "Hogar de la Madre Teresa" es tan sólo una vivienda para las hermanas, sin funciones de caridad. No se brinda ahí asistencia de ninguna clase.

Pero además de los donativos en dinero, la orden a menudo recibe donativos en especie. Cajas y cajas de medicinas arriban diariamente a los aeropuertos de la India. Granos y leche en polvo donados de todo el mundo, arriban en contenedores al puerto de Calcuta. Donaciones de ropa provenientes de Europa y los Estados Unidos llegan en cantidades inimaginables. En las esquinas de Calcuta, comerciantes pueden ser vistos vendiendo ropa con etiqueta occidental por 25 rupias (un poco más de 1 dólar) la pieza. Muchos de ellos gritan: "¡Camisas de la Madre, pantalones de la Madre!"

Al contrario de otras organizaciones de caridad, las Misioneras de la Caridad gastan muy poco en su propia administración, puesto que funciona prácticamente sin costos. Hermanas de 150 países forman la fuerza de trabajo más preciada de todas las operaciones multimillonarias. Habiendo tomado votos de pobreza y obediencia, trabajan sin paga, apoyadas por 300,000 ciudadanos auxiliares de buena fe.

Todo Gratis

La Madre Teresa veía como un derecho divino el no tener que pagar nunca por nada. Una vez, en Londres, compró en un supermercado despensa y comida para sus monjas por 500 libras esterlinas. Cuando se le dijo que tenía que pagar en la caja, la diminuta y aparentemente inofensiva monjita manifestó su temperamento balcánico y gritó: "¡Esto es para la obra de Dios!" Armó tanto escándalo y por tanto tiempo, que un hombre de negocios en la cola terminó por pagar la cuenta de la iracunda monja.

¿Dónde va Tanto Dinero?

En Inglaterra, país no católico, las autoridades se muestran más rígidas con la orden.

Por eso fue posible saber que cada año, de acuerdo con las declaraciones de la orden ante las autoridades fiscales británicas, una parte de la fortuna que maneja es enviada a cuentas de la orden en otros países. Cuánto y a qué países, no aparece en la declaración.

Destino Vaticano

Pero uno de los receptores, sin embargo, es siempre Roma. La fortuna de la famosa organización de caridad es controlada por Roma... desde una cuenta del Banco del Vaticano. Y lo que sucede con los dineros en el Banco del Vaticano, es tan secreto que se sospecha que ni siquiera Dios pareciera saberlo.

Pero una cosa sí es segura: Los dispensarios de la Madre Teresa en los países pobres no se benefician de la generosidad de los países ricos.

La biógrafa oficial de la Madre Teresa, Kathryn Spink, escribe: "En cuanto las hermanas se establecen en cierto país, la Madre Teresa les retira todo apoyo financiero". Por consiguiente, las ramas de la orden en los países más necesitados, sólo reciben un apoyo inicial.

La mayor parte del dinero, permanece en el Banco del Vaticano listo para financiar los lucrativos créditos que decide la cúpula cardenalicia.

La orden se ha rehusado a contestar peticiones por escrito acerca de dónde se encuentra el dinero de los donativos.

"Debería usted visitar el Hogar en Nueva York, así entendería lo que sucede con los donativos". musita Eva Kolodziej. Esta dama polaca fue Misionera de la Caridad durante cinco años. "En la bodega del sótano del refugio para indigentes, hay muchos libros valiosos, joyería y oro. ¿Qué hacen con ellos? Las hermanas los reciben con sonrisas y los guardan. Mucho de esto ahí queda sin servir y para siempre".

Los millones en efectivo que son donados a la orden tienen un destino similar. Susan Shields (antes la Hermana Virgen) dice: "El dinero no era utilizado indebidamente, pero la mayor parte no se usaba en lo absoluto. Cuando hubo hambruna en Etiopía, numerosos cheques llegaron marcados 'para los hambrientos en Etiopía'. Una vez le pregunté a la hermana que estaba a cargo de las cuentas, si debería sumar los cheques y enviar el total a Etiopía. La hermana me contestó: 'No, nosotras no enviamos dinero a África'. Pero aún así, yo continué haciendo recibos para los donantes 'Para Etiopía'".

Para la mente de las hermanas, las finanzas son camino de una sola vía. "Siempre se nos dijo que el hecho de que recibiéramos más que otras órdenes, mostraba que Dios amaba más a la Madre Teresa" dice Susan. Donativos y cuentas gordas son, para ellas, la medida del amor de Dios. Para ellas, recibir es más sagrado que dar.

Los que padecen son aquellos a quienes originalmente fueron dedicados los donativos.

Una vez, como Susan recuerda, los auxiliares cometieron un error de organización, así que no repartieron pan con las comidas. Las hermanas preguntaron a la monja superiora si podrían comprar el pan. "Ni pensarlo... somos una organización pobre", fue la respuesta. "Al final del día, los pobres no recibieron su pan", dice Shields, quien muchas veces comprobó casos similares. Una niña no llegó a su primera comunión porque su madre no pudo comprarle su vestido blanco, así que tuvo que esperar al año siguiente, pero conforme se acercaba la fecha, se presentó de nuevo el mismo problema. Susan (la Hermana Virgen) le preguntó a la madre superiora si la orden podría comprarle su vestido blanco a la niña. Una vez más, su petición fue rechazada de mala manera. La niña, hoy una mujer, nunca efectuó su primera comunión.

Pobres entre los Pobres

Debido al rigor de la opulenta orden, los 'pobres entre los pobres', los huérfanos en la India, son los que más sufren.

Como de costumbre, los costos para el funcionamiento de la casa hogar no son solventados por la orden, sino por los futuros padres adoptivos.

En esa casa hogar, a veces 2 ó 3 niños se recuestan en un mismo catre, en cuartos atestados, donde no queda un centímetro cuadrado para que jueguen. Una organización con una fortuna billonaria, que tiene el triple de dinero que el presupuesto total de UNICEF, ¿no puede comprar más catres y construir orfanatos decentes, con su propia área de juegos?

Desde luego, las Misioneras de la Caridad tienen dinero más que suficiente no sólo para construir una buena cantidad de orfanatos en Calcuta, sino para ayudar a miles de huerfanitos que luchan por sobrevivir en las calles de Calcuta, Bombay y Nueva Delhi.

Ahorrar, en la filosofía de la Madre Teresa, es un valor fundamental por sí mismo. Plena de orgullo, ella decía que las Misioneras de la Caridad eran 'la más desorganizada organización en el mundo entero'. No se permiten computadoras, máquinas de escribir o fotocopiadoras, las que aun cuando son generosamente donadas, no se permite su instalación. Para llevar su contabilidad, las hermanas usan libretitas escolares, en las que apuntan con lápiz amontonadas cantidades hasta que se llenan. Entonces todo es borrado y la libretita se vuelve a usar. Todo con tal de ahorrar.

Para operar como un sistema eficiente de caridad, hubiera sido inteligente entrenar a las monjas para convertirse en enfermeras, maestras o administradoras. Pero las Misioneras de la Caridad nunca son entrenadas para nada más que ser monjas.

Aun cuando las Misioneras de Cristo de la Madre Teresa han cesado la ayuda para los hambrientos en Etiopía y los huérfanos en la India —a pesar de haber recibido donativos en su nombre—, hay otros más que están siendo activamente dañados por la ideología de la desorganización que priva en la organización.

En 1994, Robin Fox, editor de la prestigiosa revista médica inglesa The Lancet, en un comentario sobre las catastróficas condiciones prevalecientes en los hogares de la Madre Teresa, sacudió al mundo de los profesionistas al decir que cualquier operación sistemática era ajena en el manejo de los hogares en la India. Los pacientes con tuberculosis no eran aislados, y las jeringas eran lavadas en agua tibia antes de ser reutilizadas. Aún a los pacientes con dolores insoportables les eran negados analgésicos poderosos, no porque la orden careciera de ellos, sino por principio:

"El Más Bello Regalo para una Persona es que Pueda Participar del Sufrimiento de Cristo"

Esto era un lema para la Madre Teresa. Una vez trató ella de aliviar a un paciente que aullaba de dolor. "Tú estás sufriendo, lo que significa que Jesús te está besando". El sufrido paciente le gritó, furioso: "¡Pues dile a tu Jesús que deje de besarme!"

El médico inglés Jack Preger trabajó una vez en el hogar para moribundos. Él dice: "Si uno quiere dar amor, comprensión y cuidado, uno debe usar agujas estériles. Esta es probablemente la orden más rica del mundo. Muchos de los que mueren ahí no tendrían por qué estar muriendo, hablando en estricto sentido médico". El periódico británico Guardian describió el hospicio como "una desorganizada forma de negligencia asistencial".

Y todo parece indicar que el cuidado médico para los huérfanos no es mejor. En 1991 el director de Pro Infante en Alemania envió un boletín a los padres adoptivos en su país:

"Por favor, revisen la vigencia de las vacunas en sus hijos. Creemos que en algunos casos han sido vacunados con vacunas caducadas, o que han sido inutilizadas por el almacenamiento defectuoso".

Todo esto apunta a una cosa, algo en lo que la Madre Teresa reiteraba con mucha frecuencia en sus discursos, y era que le preocupaba mucho más la vida después de la muerte que esta vida mortal humana.

El Dinero como Forma de Acallar las Conciencias

Y el negocio de la Madre Teresa era muy sencillo: Dinero para acallar las conciencias. Quienes se beneficiaban al máximo con este esquema eran los donantes... se sentían muy bien. ¿Se beneficiaban de alguna manera los pobres? Difícilmente.

Quienes llegaron a creer que la Madre Teresa quería cambiar al mundo, eliminar el sufrimiento o combatir la pobreza, sencillamente deseaban creerlo por su propia cuenta. Esa gente no la escuchó nunca con atención. Ser pobre, el sufrimiento como meta, eran casi como una ambición o un logro para ella, y ella le impuso esta visión de las cosas a quienes tenía a su cuidado. Su meta final era el Más Allá.

Ya con fama mundial, la fundadora de la orden tuvo plena consciencia de los malentendidos sobre los cuales la fama de la Madre Teresa se había construido. Ella personalmente escribió las siguientes breves palabras que colgó afuera del Hogar de la Madre, en Calcuta:

"Decidles que no estamos aquí para trabajar, estamos para Jesús. Somos religiosas por encima de todo. No somos trabajadoras sociales, no somos maestras, no somos doctoras. Somos monjas".

Estas palabras, mejor que ninguna otra, definen a la que fuera la Madre Teresa.

 


LA OTRA CARA DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA


(http://www.taringa.net/posts/info/6398895/La-Otra-cara-de-la-Madre-Teresa-de-Calcuta.html)

Si alguien creía que todo en la madre Teresa es digno de una santa, el escritor Martín Caparrós, después de visitar su tierra natal, se explaya en el lado malo de la mujer buena que el mundo creyó conocer.

Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía “Hoy me voy al cielo” y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: “Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2”. En el pizarrón no existía el rubro “Egresos”. En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, consiguió en sus últimos 25 años una fama y un apoyo internacional extraordinarios. Le llovieron medallas, donaciones, premios, subvenciones, todo tipo de dinero para que ayudara a los pobres del mundo. La señorita Bojaxhiu nunca hizo públicas las cuentas de su orden pero se sabe, porque ella se jactó de eso muchas veces, que fundó, con ese dinero, alrededor de quinientos conventos en cien países. Pero no fundó una clínica en Calcuta.

Hay un par de ideas fuertes detrás de todo eso. Sobre todo, la idea de que la vida —ellos dirían “esta vida”, como si hubiera muchas— es un camino hacia otra, mejor, más cerca del Señor: si no fuera así, a nadie se le ocurriría dedicarse a que esa gente muriera mejor y, quizás, en cambio, pensarían en mejorar sus vidas. Y la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: “Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo —dijo la madre Teresa—. El mundo gana con su sufrimiento”.

Por eso, quizás, la religiosa les pedía a los afectados por el famoso desastre ecológico de la fábrica Union Carbide, en el Bhopal indio, que “olvidaran y perdonaran” en vez de reclamar indemnizaciones. Por eso, quizás, la religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Baby Doc Duvalier —que le donó bastante plata— y explicar que el tirano “amaba a los pobres y era adorado por ellos”. Por eso, quizás, la religiosa fue a Tirana a poner una corona de flores en el monumento de Enver Hoxha, el líder estalinista del país más represivo y pobre de Europa.

Pero quizá no fue por eso que salió a defender a Charles Keating. Keating era un buen amigo de los Reagan —que recibió a la religiosa más de una vez— y uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana: el fulano que se robó, por medio de una serie de maniobras bancarias, 252 millones de dólares de pequeños ahorristas. Keating le había donado a la religiosa 1.250.000 dólares y le solía prestar su avión privado. Cuando lo juzgaron, la religiosa mandó una carta pidiendo la clemencia del tribunal para “un hombre que ha hecho mucho por los pobres”. Fue enternecedor. Pero cuando el fiscal le pidió que devolviera la plata que Keating le había dado —robada a los pequeños ahorristas—, la religiosa no se dignó contestar nada.

En el moritorio de Calcuta, la sala de los hombres tiene quince metros de largo por diez de ancho. Las paredes están pintadas de blanco y hay carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la señorita también llamada madre con el papa Wojtyla. “Hagamos que la Iglesia esté presente en el mundo de hoy”, dice la leyenda.

En la sala hay dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupan los dos lados largos: sobre cada tarima, quince catres; en el suelo, entre ambas, otros veinte. Los catres tienen colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; no tienen sábanas. Sobre cada catre, un cuerpo flaco espera que le llegue la muerte.

El moritorio de la madre Teresa está al lado del templo de Khali y sirve para morirse más tranquilo, dentro de lo que cabe. La madre Teresa lo fundó en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió el caserón por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a dios un poco de lo que dios le había dado. Desde entonces, los voluntarios recogen moribundos en la calle y los traen a los catres celestes, los limpian y los disponen para una muerte arregladita.

—Los de las tarimas están un poco mejor y puede que alguno se salve —me dice Mike, un inglés de 30 con colita, tipo bastante freakie, que se empeña en hablarme en mal francés—. Los de abajo son los que no van a durar; cuanto más cerca de la puerta, peor están.

En la sala se oyen lamentos pero tampoco tantos. Un chico —quizás sea un chico, quizás tenga 13 ó 35— casi sin carne sobre los huesos y una bruta herida en la cabeza grita Babu, Babu. Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco en Milwaukee, comprensivo pero severo, le da unos golpecitos en la espalda. Después le lleva un vaso de lata con agua a un viejo que está al lado de la puerta. El viejo está inmóvil y la cabeza le cuelga por detrás del catre. Richard se la acomoda y el viejo repta con esfuerzo para que le cuelgue otra vez.

—Este está muy mal. Entró ayer y lo llevamos al hospital pero no lo aceptaron.

—¿Por qué?

—Por dinero.

—¿Los hospitales no son públicos?

—En los hospitales públicos te dan cama para dentro de cuatro meses. No sirve para nada. Nosotros tenemos una cuota de camas en un hospital privado cristiano, pero ahora las tenemos todas ocupadas, así que cuando fuimos nos dijeron que no. Acá no estamos en América; acá hay gente que se muere porque no hay cómo atenderla.

Richard me cuenta sobre uno que entró hace un mes con una fractura en la pierna: no lo pudieron atender y se murió de la infección. Y está dispuesto a seguir con más casos. Parece que acá no es tan raro que alguien se muera antes de los últimos esfuerzos.

—No podemos curarlos. No somos médicos. Tenemos un médico que viene dos veces por semana, pero tampoco tenemos equipos ni ciertos remedios. Lo que hacemos es confortarlos, cuidarlos, darles afecto, ofrecerles que se mueran dignamente.

La religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Baby Doc Duvalier —que le donó bastante plata— y explicar que el tirano “amaba a los pobres”.

Hay algo que me suena raro en todo esto. Richard le acaricia la cabeza al que insiste en colgarla; más allá, Mike le sostiene la mano a uno con un vendaje que le atraviesa el pecho. Los acompañan: no tienen un idioma común así que no pueden hablarse, o quizás no ganarían nada con hablarse. Richard va a buscar una sábana para tapar al viejo de cabeza colgante. Hace solo 35 grados y el viejo tiene frío. En Chicago, Richard estudia Medicina, pero ahora dice que no sabe si va a poder volver a soportar aquello. Y dice que tampoco podría soportar esto todo el tiempo, pero que no soportaría ser doctor y no atender a estos tipos. A veces llega un punto en que soportar es muy difícil. Richard es un Clark Kent buenazo con mentón imponente y es muy católico, familia de irlandeses, y dice que dios le va a decir qué hacer.

—O sea que no hay ninguna posibilidad de que lo atienda un médico.

—No.

—¿Y entonces?

—Y entonces se va a morir hoy o mañana.

Richard lo dice como quien dice: llueve. O incluso: quizás llueva. Debe ser difícil pronunciarlo así.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, nunca se privó de dar sus opiniones. En Irlanda, por ejemplo, en 1995, un referéndum sobre el divorcio encendía pasiones. Irlanda era el último país de Europa sin divorcio, y los márgenes se anunciaban estrechos. Entonces la religiosa —que no tenía nada que ver con Irlanda— participó de la campaña pidiendo el voto en contra. Los divorcistas ganaron con el 50,3 por ciento. Pocos meses después, su nueva amiga, lady Diana Spencer, se divorció, y una periodista le preguntó qué opinaba. La señorita no tenía problemas: “Está bien que ese matrimonio se haya terminado, porque nadie era realmente feliz”, dijo.

La señorita sabía aprovechar el halo de santidad que la rodeaba: los santos pueden decir lo que quieran, donde y cuando quieran. Todo está justificado por el halo. Y ella usaba esa bula para llevar adelante su campaña mayor: la lucha contra el aborto y la contracepción. Lo dijo muy claro en Estocolmo, 1979, mientras recibía el Premio Nobel de la Paz: “El aborto es la principal amenaza para la paz mundial”. Y, para no dejar dudas: “La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes”.

En septiembre de 1996, el Congreso norteamericano le dio el título de ciudadana honoraria. Era la quinta persona en la historia que la conseguía. Dos años antes había organizado, en ese mismo recinto, una “plegaria nacional” ante Clinton, Gore y compañía. Ese día, su discurso fue belicoso: “Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer”, decía la religiosa, y cientos de congresistas, muchos de los cuales no estaban en contra de la contracepción y el aborto, la aplaudían embelesados. En su Calcuta, en la India, en muchos otros países, la superpoblación es causa principal del hambre y la miseria, y sus autoridades toman todo tipo de medidas para limitarla.

Yo creo que el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, un asesinato del niño inocente. Y si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirles a otras gentes que no se maten entre ellos? Nosotros no podemos resolver todos los problemas del mundo, pero no le traigamos el peor problema de todos, que es destruir el amor. Y eso es lo que pasa cuando le decimos a la gente que practique la contracepción y el aborto”.

Las jerarquías católicas lo dicen siempre, pero dicho por ella es mucho más eficaz. Aquella tarde, el cardenal James Hickley, arzobispo de Washington, lo explicó clarito: “Su grito de amor y su defensa de la vida nonata no son frases vacías, porque ella sirve a los que sufren, a los hambrientos y los sedientos...”. Para eso, entre otras cosas, servía la religiosa. Por eso, entre otras cosas, su proceso de beatificación vaticana fue el más rápido de la historia de una institución que no suele apresurarse —que puede tardar, por ejemplo, cuatro siglos en pedir perdón por apretar a Galileo Galilei o asesinar a Giordano Bruno y tantos otros.

Así que ahora la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu —lo que quede de ella— debe estar en el paraíso de los beatos, un poquito más abajo del paraíso de los santos, con apenas menos felicidad eterna y menos olor a incienso y mirra y menos intimidad con su Señor pero bastante, pese a todo. La señorita fue una militante muy eficaz de una causa muy antigua: la del conservadurismo católico. Y fue, en el mejor de los casos, una versión mediática y actual del viejo modelo de la dama de caridad: aquella que se dedica a moderar los males causados por un orden que nunca cuestiona o que, en realidad, refuerza. Gracias a esos medios, al aparato de difusión de Roma, la señorita quedó instituida como gran encarnación actual del viejo mito de la bondad absoluta.

Todos —los países, los grupos de amigos, los equipos de voleibol, los grupos de tareas— necesitan tener un Bueno: un modelo, un ser impoluto, alguien que les muestre que no todo está perdido todavía. Hay Buenos de muchas clases: puede ser un cura compasivo, un salvador de ballenas, un anciano ex-cualquier cosa, un perro, un médico abnegado, un pederasta con buena verba en púlpito: en algo hay que creer. El Bueno es indispensable, una condición de la existencia. Y el mundo se las arregla para ir buscando Buenos, entronizarlos, exprimirlos todo lo posible. Así que, pese a que algunos intentamos contar un poco de su historia, nadie lo escucha: es mejor y más cómodo seguir pensando que la señorita era más buena que Lassie. La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Teresa de Calcuta, consiguió ser la Buena Universal. Y consiguió, incluso, lo más difícil que puede conseguir una persona, un personaje: entrar en el lenguaje como síntesis o símbolo de algo. Decimos un Quijote cuando queremos hablar de un héroe destartaladamente franco; decimos un Craso cuando tratamos de definir a alguien riquísimo; decimos —desde hace unos años empezamos a decir— una madre Teresa cuando queremos significar que alguien es realmente bueno. Y así ha quedado registrada en nuestra cultura la señorita también llamada madre, amiga de tiranos y estafadores, militante de lo más reaccionario, facilitadora de la muerte.

Documental:
Christopher Hitchens - El Angel del Infierno. Madre Teresa de Calcuta 1/3

Christopher Hitchens - El Ángel del Infierno. Madre Teresa de Calcuta 2/3 
                

Christopher Hitchens - El Ángel del Infierno. Madre Teresa de Calcuta 3/3

Documental:
Madre Teresa: El Mayor Fraude Altruista

Documental:
El Mito De La Madre Teresa

Documental:
Bullshit: Madre Teresa Ni Tan Santa